lunes, 23 de julio de 2007

en el baño de la universidad...

Lagartija había terminado conmigo algunos días antes, pero seguíamos en trato de "amigos". Se me hacía ocioso que tratara de cortar con lo nuestro por tercera vez en el mes, pues nunca tardaba más de 3 días en volver y decirme que me quería en su vida, como fuera que me diera la gana estar. Y que si a mí no me importaba que estuviera casado a él tampoco. He de aclarar, que lo aceptaba no porque estuviera enamorada ni mucho menos, a mí lo que me gustaba era el faje, no buscaba más en él. Aún no habíamos tenido sexo -por mis estúpidos pudores y su sentimiento de culpa al salir conmigo- pero las ganas estaban ahí desde que bailamos juntos la primera vez.

Una tarde tomábamos cerveza con los amigos en un baresucho feo y sin licencia cerca de la universidad, en un descanso entre clases. Cuando regresamos todos estábamos algo mareados, algunos de nosotros, decidimos que entrar a clases en estado de ebriedad no sería conveniente, y decidimos comprar más cerveza y seguirla tomando en el estacionamiento. Lagartija se comportaba un poco distante, pero no dejaba de mirarme y yo lo ignoraba hasta dónde era posible, pero la mezcla del alcohol y el frío me hacían desear un poco de calor humano. Se terminó la cerveza y decidimos salir por más, para eso era necesario atravesar a pie buena parte de la universidad. Caminamos en silencio, eramos 5: "Selma", Michi, el Sánchez, Lagartija y Yo (Cereza).
El Sánchez, que era el más borracho de todos se adelantó, según él eramos demasiado lentos. Selma y Michi se quedaron besándose en una escalera y se rezagaron, pero pareció que no le importaba a nadie. Lagartija y yo seguimos caminando, practicamente en silencio. Dije para mí misma: tengo que aprovechar esta.
Le pedí que me disculpara para pasar al tocador, me lavé un poco la cara y me recargué en la pared a pensar como me lo echaría en la bolsa de nuevo. No tenía ni idea de como, pero tenía que tirármelo, más por capricho que por verdaderas ganas que le trajera. Opté por ser descarada. No había nada que perder, con sutilezas solamente perdería el tiempo. Al salir del tocador caminé hacia dónde me esperaba y le puse la mano en el pecho.
  • Cereza: ¿Ya nos vamos?- Le dije mirándole con una sonrisa por demás lujuriosa.
  • Lagartija: ¿A dónde?- Visiblemente confundido
  • Cereza: Pues a alcanzar a Sánchez, tonto. -Risas-¿O a dónde quieres ir?, dije mirándole con los ojos ya encendidos y arqueando una ceja- Ya, camina que nos deja.
  • Lagartija. Ah sí, Sánchez, ya se me había olvidado. Creo que yo también tengo que pasar al baño.
Subimos a la planta alta para encontrar el sanitario de hombres y estaba cerrado, el del segundo nivel también, subimos hasta el tercer nivel y apenas ahí encontramos un servicio abierto.

Entró y me quedé en el corredor, por la altura a la que nos encontrábamos las lámparas nocturnas apenas alumbraban, estaba bastante oscuro y quedaba muy poca gente. Fue entonces cuando "se me prendió el foco" miré el camino a derecha e izquierda, no se veía nadie, los de la vigilancia estaban todos en la planta baja. Decidí entrar.

Cereza: ¿Lagartija, estás ahí?
Lagartija: ¡¿Te metiste?! ¿estás loca?
Cereza: Me dio miedo afuera, está todo muy oscuro, aquí al menos hay luz. Además no sabía si ibas a tardar.
Lagartija: ¡Pero si acabo de entrar!
Cereza: ¿Ni has hecho nada verdad?
Lagartija: No, entraste casi al mismo tiempo que yo.

Me acerqué a dónde estaba, apenas estaba sacándose el pene para orinar. Sin decir palabra me paré detrás de él, le rodeé la cintura con los brazos y le ayudé a sacárselo.

Cereza: Eres muy lento, parece que necesitas ayuda.
Lagartija: ¡Pero qué haces! ¿nos van a ver?
Cereza: Nadie va a subir. Además, no puedes negar que te gusta esto.

Empecé a masturbarlo con suavidad. Lo tenía muy encogido aún, pero poco a poco fue creciendo, y mientras aumentaba de tamaño creía la frecuencia e intensidad de mis jalones. Dejé trabajando a mi mano derecha y con la izquierda empecé a dibujarle figuras en la espalda, sobre la playera. El seguía sorprendido y sin moverse de frente al mingitorio. Metí mi mano izquierda entre su ropa y con la mano fría empecé a acariciarle la espalda y la cintura, el abdomen. Mi mano derecha seguía jalando, ya había tomado ritmo y no lo hacía con mucha fuerza, ocasionalmente con el pulgar le sobaba el glande, para "repartir" su lubricación. Con la mano izquierda seguía acariciando y poco a poco se relajó. Cuando ya se lo sentí duro le solté el pene. Seguía detrás de él acariciándole el pecho y comencé a darle pequeñas mordidas en el costado, a lamer la trayectoria de su columna vertebral y culminé con una mordida en el cuello.

Lagartija: Si no le paras te voy a coger aquí mismo cabrona.
Cereza:No, no me vas a hacer nada. Hoy me toca a mí.

Se dio la vuelta y me tomó de los hombros, me dirigió hasta la pared y comenzó a besarme el cuello y a aplastarme los senos sobre la blusa. El mismo movimiento que llevaba hizo que mis botones se abrieran y quedó a la vista el bra de algodón blanco, que dejaba entrever mis pezones. Antes de que comenzara a morderme y dejarme loca, me puse en cunclillas y le alfojé el cinturón, abrí el zipper de su pantalón y le bajé los boxers. Para no perder terreno me puse su pene entre los pechos y dejé que me los sobara mientras yo le acariciaba el miembro que descansaba ahí entre ellos. Contrastaba el su pene blanco-rojizo con mis pechos bronceados y el movimiento me prendía mucho. Comenzó a pellizcarme los pezones, me levanté un poco y mis labios quedaron a la altura de su verga. Hice una pausa para verlo y saboreármelo. Con la punta de la lengua le acaricié el glande, que ya estaba rojito y un poco húmedo. Le dibujé circulitos con la lengua y lo chupé como si fuera una bola de helado. Me metí el glande a la boca haciendo una leve succión y lo metí un poco más. Empecé a mamar con el clásico adelante atrás y alternándolo con lamidas de la base a la punta. Lagartija me revolvía el cabello y me hacía caricias fuertes en las mejillas. Respiraba agitado y ahogaba sonidos en su garganta porque no quería hacer ruido.
Seguí con el dentro fuera, apretando un poco los labios y presionando con la lengua. Como su pene no es muy grande, podía practicamente metérmelo todo a la boca sin mucho esfuerzo. Cuando recién había empezado con mis tareas de "garganta profunda", se escuchó un sonido raro, como de pasos afuera. Los nervios del sonido nos regresaron al baño mugroso en el que estabamos. Pese a que andaba menos vestido que yo, él fue quien se asomó a ver. Era solo un perro. Cerro por dentro la puerta del baño y me pidió que me acercara a dónde estaba. Frente a nosotros estaba la tarja de los lavamanos y el espejo. De la bolsita de su chamarra sacó un condón, de los que nos habían regalado esa misma tarde como parte de un evento de la universidad. Lo sostuvo en su boca y se puso de espaldas a mí, empezó a manosearme y me sacó los senos del sostén, bajó la mano y la metió entre mis pantalones, con los dedos hizo a un lado el bikini y ne los metió. Mientras me manoseaba veíamos la imagen en el espejo y la excitación se iba al doble. Por la posición su pene se apretaba contra mis nalgas. Avanzó unos pasos y "me recargó contra la tarja". Sin delicadeza alguna me bajó los pantalones hasta las rodillas. Se oyó el rasgar de la bolsa del condón y en un segundo sentí la punta de su pene bien enfundado entre mis nalgas. Me abrió un poco para ver y como no me conocía muy bien, buscó "a tientas" mi vulva y me penetró despacio ya que había conseguido metérmela toda, comenzó a moverse sin sacarla. La sensación de mis pezones rozando contra el material pétreo frío de la tarja era extrañísima pero me calentaba, también lo hacía verlo detrás de mí y sentirlo moverse cada vez más rápido.
Volvimos a escuchar pasos, esta vez sí eran personas. Nos acomodamos la ropa rápidamente y yo me escondí detrás de un muro. Él se asomó para ver que tan seguro sería salir. Un grupo en un salón cercano recién había terminado clases. Me dijo que me fuera rápido a una de las mamparas. La cerré por dentro y me encaramé en el excusado para que mis pies no fueran visibles desde abajo. Llevaba tenis tipo converses, pero aún así mis pies son demasiado pequeños para pasar por los de un hombre. Para cuando dos tipos entraron al baño, yo ya no estaba a la vista. El tiempo de espera se me hizo eterno. En cuanto salieron esos dos, Lagartija me avisó que podía salir, terminé de acomodarme el cabello, que estaba completamente revuelto por la aventurita. Me puse brillo de labios y salí como si nada.

Lagartija, se quedó dentro... porque al final recordó que inicialmente había entrado a orinar.

viernes, 20 de julio de 2007

soy una bitch!

Todas las mujeres tenemos secretos, deseos y cosas que no queremos decir:

yo en cambio.. estoy dispuesta a publicarlas y compartirlas

Pienso hablar sobre el sentido y la parte degenerada que tenemos las mujeres.

esos pensamientos que ignoran los hombres

y esos pensamientos que solemos tener cuando creemos que nadie nos observa
y porque no?
también las cosas que hacen los hombres en la cama y las pendejadas que dicen

este blog es para mentes sucias... son secretos publicados